¿Qué define la esencia de una persona?
Su cara, sus opiniones, sus andares, su vestido....
¿Dónde está el límite que marca la diferencia entre el individuo y la masa?
Yo seguiría siendo yo, aunque me cortara el pelo, me lo tiñera de verde y caminara por el mundo con calzas a rayas y lazos de colores.
Tú eres tú, más allá de lo que muestra tu apariencia y tanto más asentado estará tu yo, cuanto menos se perturbe por tus cambios de apariencia.
Cuando iniciamos en difícil tránsito de la niñez a la edad adulta, necesitamos hacer de nuestro aspecto una proyección de nosotros mismos. Nuestro pelo, nuestra ropa, la forma en la que nos expresamos o andamos proyecta nuestra personalidad y a la vez nos ayuda a fijarla, para que no cambie o sucumba al entorno.
Pero llega un momento en que uno entiende las reglas del juego, y aprende que lo mejor de uno mismo reside en el interior y que es seguro, inmutable y duradero, inalterable a la opinión ajena, a las modas o los condicionantes sociales, y entonces se libera de la coraza que protege su personalidad y que se sustenta con un corte de pelo o una moda.
Yo soy yo, aunque para dar clase hable más alto y sin acento.
Yo soy yo, con mis botas y mi casco o con raya diplomática.
Yo soy yo en un cóctel, en un monte, en la iglesia y en mi casa.
Asiéntate y da por concluido tu camino a la edad adulta, fija tu carácter y tu pensamiento y liberate de las ataduras de considerar que la esencia de ti mismo reside en tu aspecto.
Eres mucho más que una barba y una capucha de duende.